Cindy Zanutti

Sobre abuso sexual

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Sobre abuso sexual      

En el concepto de abuso sexual este es definido como cualquier actividad sexual entre dos personas sin consentimiento de una. El abuso sexual puede producirse entre adultos, de un adulto a un menor o incluso entre menores. El abuso sexual tiene múltiples formas como: acceso u hostigamiento en la calle, en el trabajo, en la casa, en el colegio, en la escuela y en la universidad entre otros. Puede ocurrir mediante violación; explotación sexual, abuso sexual de niños y niñas; prostitución y pornografía.

     Cualquier tipo de penetración, roces o caricias de órganos genitales en contra de la voluntad, o tocamiento de los órganos genitales representa un abuso sexual. El que obliguen a un menor a  presenciar contenido sexual impropio (observar al adulto desnudo o mientras mantiene relaciones sexuales con otras personas, ver material pornográfico o asistir a conversaciones de contenido sexual, también es considerado un abuso sexual.

     Un abuso sexual gravemente penalizado es el abuso sexual a menores. Este abuso a menores se puede dar en todos los ámbitos sociales y pueden suceder tanto fuera como dentro del círculo familiar. Algunos indicadores físicos de que un menor ha sido sexualmente abusado son: dificultad para andar y sentarse; ropa interior sangrada; se queja de picor o dolor en la zona vaginal o anal; contusiones o sangrado en los genitales externos; enfermedad venérea; cervix o vulva hinchados; semen en la boca, genitales o ropa e incluso embarazo. Otros indicadores son observables en la conducta y entre ellos están: el permanecer reservado, rechazante o conductas infantiles (incluso puede parecer retrasado); escasas relaciones con sus compañeros; no quiere cambiarse de ropa para hacer gimnasia o pone dificultades para realizar actividad física; comete acciones delictivas o se fuga; manifiesta conductas o conocimientos sexuales extraños o inapropiados para su edad o la sociedad en que vive y dice que ha sido atacado posiblemente por el padre, cuidador o un extraño.

 En el caso de que el agresor es un padre o cuidador, se perciben ciertos rasgos del agresor hacia el menor. Estos se perciben extremadamente protectores o celosos del menor y alientan al niño a implicarse en actos sexuales en presencia del agresor. Otro aspecto a considerar es que posiblemente esta persona y ahora agresor, también sufrió abuso sexual en la infancia y en la adultez este experimentando dificultades en sus relaciones de pareja.

     El abuso sexual también ha de ocurrir en parejas y dentro del matrimonio con diversas particularidades como: forzar a tener relaciones, amenazar de forma explicita o implicita, hacer o dejarse hacer practicas o técnicas eróticas que no le agraden, no le gusten o no sientan ganas.

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abril 4, 2010 at 6:36 AM

Negligencia y maltrato

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Negligencia y maltrato

   La negligencia se puede definir como un descuido en el actuar. Es una omisión conciente, descuido por impericia o dejar de cumplir un acto que el deber funcional exige. La negligencia es un actuar imprudente, en otras palabras es una conducta atrevida o descuidada de una persona en particular. En el caso de menores de edad la negligencia es vinculada con el concepto de maltrato.

     El maltrato significa que la condición física, mental o emocional ha sido deteriorada, o corre el riesgo inminente de ser perjudicada, por la falta del padre, madre o cuidador en el ejercer un mínimo nivel de atención. Esto significa que el padre, madre o cuidador se ha comportado de forma negligente dejando de  proveer suficiente comida, ropa, cobijo o educación. Ha dejado de proveer, supervisión apropiada, tutela o cuidado médico (incluyendo asuntos de odontología, optometría o cirugía); o ha infligido un castigo corporal excesivo. El abandonar a un niño, consumir alcohol u otras drogas al extremo de exponer al niño a un peligro inminente es considerado negligencia y maltrato. La pobreza o la inhabilidad económica de proveer lo mencionado anteriormente no se considera maltrato.

     Algunos indicadores de abuso físico son daño o maltrato a los ojos, o a ambos lados de la cabeza o del cuerpo y maltrato que se manifiesta frecuentemente como moretones, cortes y/o quemaduras, especialmente si el menor no es capaz de explicar adecuadamente su(s) causa(s). En la conducta, el menor puede tener un comportamiento destructivo, agresivo o por el contrario pasivo, aislado, sin manifestar emociones y temor de volver a casa o miedo del padre, madre o cuidador

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abril 4, 2010 at 6:26 AM

Publicado en Niños/as y jovenes

♠ La Adicción al Juego ♠

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La adicción al juego

     El presente escrito pretende elaborar una descripción de la adicción al juego mediante la explicación de sus causas, síntomas y características. Se toma en consideración la perspectiva  terapéutica señalando los criterios de diagnostico y tratamiento. Por otro lado también se expone el contexto cultural puertorriqueño del juego de tal manera que se perciba la situación de la adicción al juego en Puerto Rico.

     Cuando hablamos de adicción al juego nos referimos al juego patológico. La adicción al juego se conoce como juego patológico, juego compulsivo o ludopatía. La palabra ludopatía proviene del latín “ludo”, que significa juego, y del griego “pathos”, que significa patología o enfermedad. A pesar de ser una enfermedad muy antigua no es sino hasta el 1975 que comienza a estudiarse siendo en 1979 que se define como juego patológico (Esmas, n.f.).

     La adicción al juego, al igual que cualquier otra dependencia, se presenta cuando una conducta habitual (placentera y deseable, inclusive saludable) se convierte en conducta anormal. Esto se mide no sólo a través de la intensidad y la frecuencia con la que se practica sino, además, con la cantidad de dinero invertida, su interferencia en la vida cotidiana y las relaciones familiares, sociales y laborales de la persona implicada (Portafolio, 2005).

Causas 

     La ludopatía es una alteración progresiva del comportamiento de la persona la cual siente una incontrolable necesidad de jugar minimizando cualquier consecuencia negativa que pueda tener su conducta. Es una enfermedad cerebral similar a otras adicciones como lo es alcoholismo y la drogadicción. Estas alteraciones involucran problemas con la región del cerebro que se asocia con los comportamientos como el comer y el sexo. Esta región del cerebro se le conoce como el “centro del placer” o vía dopaminérgica de la gratificación (Haupt, 2005). Investigaciones han evidenciado que los cambios químicos identificados en el cerebro del jugador compulsivo en acción son similares al de las personas que utilizan drogas (Klein, 2006).

El juego en Puerto Rico

     En el contexto de Puerto Rico los juegos han constituido parte esencial del diario vivir. Una de las actividades del juego de mayor antigüedad en Puerto Rico son las peleas de gallos. Existen alrededor de 125 galleras a través de todo Puerto Rico y las peleas de gallos se realizan prácticamente todos los días en la Isla.  Las carreras de caballos también son muy comunes y han sido reglamentadas por el Gobierno de Puerto Rico desde inicio del siglo XX.  En el 1910 se legalizaron las carreras de caballos en Puerto Rico, y en el 1956 las apuestas fuera del hipódromo (agencias hípicas) fueron autorizadas por ley (Lexjuris, 2006).

      En Puerto Rico los casinos representan un juego legal ya que está instituido bajo la Ley de Juegos de Azar de 1948. Podría identificarse que todos los hoteles turísticos en Puerto Rico cuentan con casinos en los cuales tanto turistas como puertorriqueños pueden jugar en maquinas tragamonedas y en juegos de mesa como el “blackjack”, póker, dados y ruleta.

     Puerto Rico también posee la lotería, establecida en 1814 por el Rey de España y oficialmente instituida en 1934 como la Lotería de Puerto Rico. Esta fue ampliada en 1989 a una modalidad electrónica conocida como Loto y Pega 3 (Lexjuris, 2006).

    También se señalan los juegos de caridad como lo es el bingo. Este fue legalizado en Puerto Rico en 1950 y solo están autorizadas a llevarlas a cabo las iglesias y organizaciones sin fines de lucro (Lexjuris, 2006).

     Según Padilla (2007) en la Isla se identifica una metástasis ludopatíca. Señala que el Comisionado de Instituciones Financieras, expresó que en juegos de mesa los puertorriqueños dejan (pierden) unos $4,000 millones de dólares. En el año 2005, los juegos de mesa en los casinos ascendieron a  $437 millones de dólares y que al sumar la actividad de las máquinas tragamonedas unos $3.5 millones se sobrepasan los $4,000 millones de dólares en juegos de azar. Las estadísticas demuestran que la gran mayoría de los jugadores son gente local. Esta cifra solo se limita a los casinos de los hoteles por lo que no incluye juegos en las máquinas repartidas en distintos negocios alrededor de la isla, la lotería, el lotto, el hipódromo, galleras, entre otras.

     Son un sin números de juegos legales los que los ciudadanos están expuestos a realizar apuestas. A esto se le añaden los juegos ilegales clandestinos de apuestas en la  calle, como lo es el juego de la “bolita” y apuestas con carreras de autos entre otros.  

 Características del adicto al juego

     Esta enfermedad afecta entre el uno y dos por ciento de los adultos siendo mayor en áreas que están a menos de 50 millas (80 km.) de un casino (Erickson, 2007). El típico jugador patológico se encuentra entre la edad de 21 a 55 años en el hombre. También afecta a adolescentes y adultos mayores de 65 años. La mujer jugadora compulsiva se identifica mayormente entre los 20 y 40 años y son afectados personas de todas clases sociales (GP, 2005).

     La vida de estas personas esta centrada en escenarios de juegos y apuestas y son varios lo juegos que pueden reunir a estas personas: carreras de caballos, de perros, mesas de juego o con tragamonedas en casinos, bingo, lotería y hasta la bolsa de valores (Esmas, n.f.). Disfrutan con la acción y la emoción que le supone el juego y suelen aumentar sus apuestas para conseguir mayor excitación. Otros juegan compulsivamente para liberar sus tensiones y ansiedad (Romeu, n.f.). El impulso de jugar es una respuesta a los estímulos que se repiten. Estos impulsos pueden ser un mal día en la oficina, una discusión con la pareja u observar la luces de neón del casino (Gengler, 2007). 

 

  La adicción la manifiestan mediante inquietud o irritación al intentar detener o controlar su juego, dependen de las apuestas para “sentirsebien”, y exigen cada vez más para obtener los mismos resultados de satisfacción (Esmas, n.f.).  Acostumbran a justificarse alegando que “suelen ganar” en el juego o que deben reparar las perdidas y que luego se verá la ganancia. En todos ellos lo más típico es que el problema se agrava con el tiempo. Tienden a mentir a familiares, amigos, médicos y psicólogos, intentando minimizar su situación de juego patológico. Esta enfermedad suele identificarse en personas con facilidad para las adicciones como lo son al trabajo, a la comida, al alcohol, etc. También pueden recaer en trastornos depresivos y en problemas adaptativos (Romeu,n.f.).

     Algunas personas se obsesionan de tal magnitud con el juego de apuestas que llegan a perder grandes cantidades de dineros y propiedades. El jugador compulsivo es manejado por un impulso incontrolable que lo hace aceptar riesgos que pueden afectar su vida.  En muchas ocasiones, el jugador tiene que recurrir a actividades ilegales o contra su propia naturaleza para obtener el dinero que escapa de sus manos. De esta forma se altera y se afecta la tranquilidad personal familiar y laboral llegando a cometer delitos (Esmas, n.f.).

     Los jugadores compulsivos poseen el índice más altos de suicidio a diferencia de cualquier otra adicción (Gengler, 2007). El juego puede llegar a ser algo tan importante en sus vidas que pierden el interés y dedicación a la alimentación, al sexo y a otras relaciones sociales.

     El comportamiento de los adictos al juego afecta a su familia ya que amenazan con los recursos económicos familiares y desatienden su trabajo. Inclusive al incurren en actividades ilegales para poder jugar o para recuperar el dinero que han perdido afecta directamente a la familia.

     El jugador compulsivo o patológico no quiere aceptar su realidad por tal motivo se escapa al mundo de los sueños que está representado por el juego. Demuestran inseguridad emocional ya que solamente se sienten conformes cuando están en acción frente a una mesa de juego (Portafolio, 2005).

     Un patrón común en el carácter de los jugadores compulsivos es que desean alcanzar todas las cosas buenas de la vida sin ningún esfuerzo. De tal manera y de forma inconsciente sienten que pueden evitar la responsabilidad de la madurez mediante el juego. El jugador compulsivo también parece tener en su interior la necesidad de ser alguien importante y ser todopoderoso (Jugadores Anónimos, n.f.).

     Los jugadores compulsivos pasan gran parte del tiempo imaginándose cosas grandes y maravillosas que harán cuando tengan ganancias. Se ven así mismos como personas filantrópicas soñando con regalar autos nuevos y otros lujos a sus familiares y amigos. Se imaginan viviendo una vida cómoda, elegante y con lujos lo cual se hará realidad mediante el juego (Jugadores Anónimos, n.f.).

     Sin embargo ninguna ganancia va a ser suficiente para realizar sus sueños. Cuando un jugador compulsivo tiene éxito en el juego, continúa jugando para alcanzar sueños más grandes. Cuando fracasan juegan aún con más desesperación y de forma irresponsable al ver que su mundo de sueños se le viene abajo (Jugadores Anónimos n.f.)

Criterios de diagnostico

     En el siglo XIX se clasificó el juego patológico, piromanía, cleptomanía y alcoholismo en las llamadas “monomanías instintivas”. Es a mediados del siglo XX cuando los manuales diagnósticos clasificaron estas categorías en trastornos de control de impulsos (Portafolio, 2005).

     En 1980 la Asociación Psiquiátrica Americana calificó al juego patológico por dinero como un desorden en el control de los impulsos (GP, 2005). La adicción al juego, se ha calificado de esta forma debido a que se encontraron similitudes en el funcionamiento e imágenes del cerebro entre los jugadores patológicos y las personas adictas a sustancias tóxicas (Esmas, n.f.). El juego patológico se considera un trastorno del control de los impulsos, en la que la persona enferma juega, de forma obsesiva, aunque con distintas connotaciones según los casos.

     Aunque según los manuales de diagnósticos el juego es un trastorno de control de impulsos para la mayoría de los profesionales y especialistas en la materia, la ludopatía es una adicción llamada “no toxica”. Hubo un tiempo que por sus similares características con el trastorno obsesivo compulsivo se pensaba que era una modalidad de este trastorno por lo que se le denominaba juego compulsivo.

      Los trastornos de control de impulsos se caracterizan por un impulso irresistible a realizar actos dañinos y se definen por tres características esenciales: fracaso en resistir el impulso, deseo o tentación de llevar a acabo algún acto que es dañino para el individuo o para los demás; sensación creciente de tensión o de activación antes de llevar a cabo el acto y experiencia de placer, gratificación o liberación (American Psychiatric Association, 2000).

     Según el DSM IV- TR, el diagnostico de ludopatía se establece cuando se cumplen las siguientes condiciones o características (American Psychiatric Association, 2000):

     Comportamiento de juego desadaptativo  persistente y recurrente, caracterizado por lo menos cinco (o más) de los siguientes síntomas:

  1. Preocupación por el juego (p.ej., preocupación por revivir experiencias pasadas de juego, compensar ventajas entre competidores o planificar la próxima aventura, o pensar formas de conseguir dinero con el que jugar).
  2. Necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero para conseguir el grado de excitación deseado.
  3. Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego.
  4. Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego.
  5. El juego se utiliza como estrategia para escapar de los problemas o para aliviar la disforia (Ej. sentimientos de desesperanza, culpa, ansiedad, depresión).
  6. Después de perder dinero en el juego, se vuelve otro día para intentar recuperarlo (tratando de ‘cazar’ las propias pérdidas).
  7. Se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego.
  8. Se cometen actos ilegales, como falsificación, fraude, robo o abuso de confianza para financiar el juego.
  9. Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesionales debido al juego.
  10. Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego.

Tratamiento

     El tratamiento de las personas con ludopatía comienza con su propio reconocimiento del problema. Estas personas muchas veces se niegan a pensar que están enfermas o que necesitan tratamiento. La mayoría de los ludópatas inician tratamiento por presiones externas ejercidas por otros, más que por haber aceptado voluntariamente la necesidad de tratamiento (Romeu, n.f.).

     El tratamiento de las personas con éste trastorno debe incluir aspectos médicos, psicológicos y sociales. El tratamiento debe ser realizado por equipo profesional, se considera una adicción no farmacológica por lo que no se recomienda el tratamiento en grupo de personas con problemas de adicción a sustancias (Fink, 2007).

     Se recomienda realizar terapias individuales, de pareja, familia o grupo. Debe abordar no sólo los problemas de comportamiento, sino también los problemas físicos y las repercusiones en la familia, trabajo, en la vida social y problemas jurídicos y financieros.

     El tratamiento ha de contar con técnicas psicológicas que potencien el control de los impulsos y la puesta en práctica de pensamientos positivos que permitan luchar contra la adicción al juego. Se debe tomar en cuenta trabajar con las fantasías y sueños irracionales que posee el jugador compulsivo de querer ganarse el “jackpot” (Fink, 2007).

     Las opciones de tratamiento incluyen la terapia cognitivo conductual, la psicoterapia individual, terapia de pareja o familia, los grupos de autoayuda y el tratamiento farmacológico.

     La terapia cognitivo conductual esta dirigida al control del paciente sobre el juego. Esta terapia afronta el comportamiento adictivo del juego en forma directa. Recurre a otras ciencias del comportamiento para dar una explicación clara y coherente del problema, para que el paciente comprenda la magnitud de su problema.

     El paciente por medio de su experiencia comprueba cómo los sentimientos, pensamientos y conducta son irracionales y errados. El terapeuta y el paciente trabajan juntos evaluando y desarrollando soluciones a los problemas.

     Mediante la psicoterapia individual el jugador compulsivo adquiere mayor conocimiento sobre la enfermedad, el porqué y para qué necesitan jugar y cuáles serían las alternativas para el cambio. De tal manera conocerán donde y como manejar sus problemas y dificultades de la vida cotidiana y así una mejor calidad de vida para él y su entorno (Fundación colombiana juego patológico, 2005).

     La familia del jugador siempre termina involucrada en el problema, no sólo en la parte emocional, sino también en la parte económica y legal, por ende son pertinentes las terapias familiares o de pareja para poder ayudar al paciente y su familia que terminaron involucrados por el juego. El familiar está envuelto en el seguimiento del jugador compulsivo una vez éste inicie su tratamiento, manteniendo un monitoreo de las cuentas y el gasto del dinero (Gengler, 2007).

     También son muy efectivas las asociaciones de autoayuda, tipo alcohólicos anónimos, en éste caso jugadores anónimos (Gamblers Anonymous), con dinámicas de grupo encaminadas a conseguir un refuerzo social, tanto para el paciente como para sus familiares. (Zablocki, 2006).

      Los principios de abstinencia que se aplican a otros tipos de adicción, tales como la drogadicción y el alcoholismo, también pueden ser de ayuda para el tratamiento de la ludopatía. En estos grupos de autoayuda las personas con problemas de  juego comparten la experiencia, la fuerza y la esperanza de poder resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del problema del juego. En los jugadores compulsivos son muchas las creencias y pensamientos irracionales y estos patrones pueden confrontarse en estos tipos de grupos de autoayuda (Zablocki, 2006). También la familia y los amigos que tienen un ser querido que es jugador patológico pueden unirse al grupo Gam-Anon.

     Se han realizado pocos estudios sobre medicamentos para el tratamiento de la ludopatía. Los resultados iniciales sugieren que los antidepresivos, los antagonistas opioides y los estabilizadores del ánimo pueden ser de ayuda para tratar los síntomas de la ludopatía. Algunos de los casos, con trastornos depresivos claros, responden de forma favorable al empleo de medicación antidepresiva (Fundación colombiana juego patológico, 2005).

     Entre los fármacos utilizados para tratar la adicción al juego se encuentran el Naltrexone (usado en tratar a pacientes alcoholicos) y el litio (para los jugadores con enfermedad bipolar) (Erickson, 2007). Los resultados de una investigación clínica evidenciaron que el medicamento Nalmefene en forma de tableta ayuda a reducir los síntomas de los jugadores compulsivos adultos (Grant, Potenza & Hollander, 2006). Por otra parte el tratamiento con Fluvoxamine también ha demostrado ser efectivo particularmente en los hombres, no así en las mujeres debido a su efecto tardío (Evans, 2002).

     Para llegar al diagnostico de ludopatía se puede utilizar la historia y la evaluación psiquiátrica. También se pueden utilizar las 20 preguntas de Gamblers Anonymous y el Lie-Bet Questionnaire (Whyte, 2005). Es necesario al momento de la evaluación tomar en consideración los niveles de ansiedad y depresión que el jugador compulsivo se encuentra experimentando (Fink, 2007).

     En muchos casos de jugadores compulsivos es necesario considerar la asesoría legal para manejar las repercusiones de sus conductas (Fundación colombiana juego patológico, 2005).

Conclusión

     El problema del jugador compulsivo, jugador patológico o ludópata ha de ser bastante sustancial tanto para el jugador, su familia y su entorno en general. La ansiedad que manifiestan tanto física como psicológica ha de repercutir en serios problemas como lo pueden ser otras dependencias o adicciones como al alcohol y a las drogas e inclusive llegar al intento de suicidio.

     En el contexto de Puerto Rico el juego ha estado presente en la cultura desde la época española. Sin embargo, el estudio de ésta enfermedad es considerablemente contemporánea. De tal manera se identifica una negación  y poco entendimiento de la enfermedad por parte del jugador como de los familiares puertorriqueños.

    Las terapias individuales, de pareja, familia o grupo son efectivas a trabajar con la adicción al juego. Los recursos de auto ayuda están disponibles como lo son Gambler Anonymous para el jugador compulsivo y Gam- Anon para familiares y amigos; sin embargo los mismos aún son escasos y poco conocidos tomando en consideración el contexto social puertorriqueño.

Referencias

American Psychiatric Association (2000). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, (4th edition), Text revision. Washington, DC: American Psychiatrric Association.

Erickson, C. (2007). Is pathological gambling an addiction? Addiction Professional, 5(3), 12.

Esmas (n.f.). Enfermedad que pone en riesgo la calidad de vida integral, personal, familiar, laboral y social. Recuperado el 14 de julio de 2007 de http://www.esmas.com/salud/saludfamiliar/adicciones/572594.html

Evans, J. (2002). Fluvoxamine for gamblers. Clinical Psychiatry News,  30(7), 18.

Fink, P. (2007). Have you treated patients with gambling problems that would be considered pathological? what medications have you used to help these patients manage their problems? Clinical Psychiatry News, 35(2), 22.

Fundación Colombiana Juego Patológico (2005). Tratamiento. Recuperado el 21 de julio de 2007 de http://www.juego-patologico.org/tratamiento.htm

Gengler, A. (2007). The Urge to Lose Money.Money, 36(3), 33. 

GP (2005) Clinical: Helping gambling addicts. GP, 9 (9), 66. 

Grant, J., Potenza M. & Hollander, E. (2006). Nalmefene may be a potential treatment option for pathological gambling. Brown University Psychopharmacology Update, 17(6), 1-3 

Haupt. D. (2005). Ludopatía. Recuperado el 14 de Julio de 2007 de http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001520.htm

Jugadores Anonimos (n.f.). Programa de Recuperación. Recuperado el 21 de julio de 2007 de http://www.jugadoresanonimos.org/

Klein, M. (2006). Don’t bet on it! How does a little gambling become a big problem?. Current Health 2, a Weekly Reader publication, 32(8), 14 -19

Lexjuris (2006). Ley del Programa de Ayuda a Jugadores Compulsivos de Puerto Rico. Recuperado el 21 de julio de 2007 de

http://www.lexjuris.com/lexlex/leyes2006/lexl2006074.htm

Padilla, H. (2007, 2 de agosto). Ludopatía. Claridad.

Portafolio (2005). Cuando los juegos de azar dejan de ser diversión y se convierten en obsesión. Recuperado el 21 de julio de 2007 de http://www.portafolio.com.

Romeu, J. (n.f.) Ludopatía: Cuando jugar es enfermedad. Recuperado el 14 de julio de 2007 de http://www.drromeu.net/ludopat.htm

Whyte, K. (2005). Assessing for problem gambling pays off. Addiction Professional, 3(3), 36.

Zablocki, E. (2006). Group therapy can help pathological gamblers.Clinical Psychiatry News, 34(8), 46

Written by Cindy Zanutti

abril 4, 2010 at 5:59 AM

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Un vistazo al Déficit de Atención con Hiperactividad

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Un vistazo al Déficit de  Atención con Hiperactividad

     El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más comunes de la infancia. Afecta a una gran cantidad de personas de ambos sexos, posee bases neurobiológicas y un fuerte componente genético (Claudio, 2004).

     El TDAH se reconoce generalmente por un patrón de falta de atención, tendencia a distraerse, impulsividad e hiperactividad. A pesar de que el TDAH tiene una muy alta respuesta al tratamiento, su diagnóstico suele pasar inadvertido, operando entonces a modo de disfunción invisible en la vida de los individuos que lo sufren (Claudio, 2004).

Criterios de Diagnostico

     Los síntomas principales se describen en el Diagnostic & Statistical Manual for Mental Disorders (DSM-IV-TR, 2006) y tiene básicamente nueve criterios de inatención y nueve de hiperactividad e impulsividad. El paciente debe reunir por lo menos seis, de estos nueve criterios, para afirmar el diagnóstico. Los síntomas tienen que estar presentes por lo menos durante seis meses al punto de que son inadecuados y tienen un efecto perturbador del nivel de desarrollo. Estos tienen que estar presentes en más de un contexto (hogar, escolar, familiar, etc) y haber comenzado antes de los siete años de edad. No se puede diagnosticar déficit de atención con hiperactividad si los síntomas comenzaron en la adolescencia o la vida adulta ya que ésta es siempre una patología de inicio en la infancia.

En base a los criterios que se definen, se identifican tres tipos de TDAH:

  1. TDAH tipo combinado: si en los últimos seis meses se ha cumplido tanto el criterio 1A como el 1B.
  2. TDAH tipo predominantemente inatento: si en los últimos seis meses se ha cumplido el criterio 1A, pero no se ha cumplido el 1B.
  3. TDAH tipo predominantemente hiperactivo-impulsivo: si en los últimos seis meses se ha cumplido el criterio 1B, pero no se ha cumplido el 1A.

Los Criterios o síntomas de inatención según el DSM IV-TR (Criterios 1A) son:

  1. A menudo no presta la debida atención a los detalles o, por descuido, comete errores en las tareas de la escuela, el trabajo y otras actividades.
  2. A menudo tiene problemas para concentrarse en las tareas o en los juegos.
  3. A menudo parece que no escucha cuando se le habla directamente.
  4. A menudo no sigue las instrucciones y no termina las tareas de la escuela, los quehaceres o cualquier otra responsabilidad en el trabajo (no por conducta oposicional o por no entender las instrucciones).
  5. A menudo le cuesta organizar actividades.
  6. A menudo evita, rechaza o se niega a hacer cosas que requieren mucho esfuerzo mental por mucho tiempo (como tareas escolares o quehaceres de la casa).
  7. A menudo pierde las cosas que necesita para hacer ciertas tareas o actividades (p. ej. juguetes, trabajos escolares, lápices, libros, o herramientas).
  8. Se distrae con frecuencia.
  9. Tiende a ser olvidadizo en la vida diaria.

Los Criterios o síntomas de hiperactividad / impulsividad (Criterio 1B) según el DSMIV-TR son:

  1. A menudo no deja de mover las manos ni los pies mientras está sentado.
  2. A menudo se levanta de la silla cuando se quiere que permanezca sentado.
  3. A menudo corre o trepa en lugares y en momentos inoportunos (es posible que los adultos y adolescentes se sientan muy inquietos).
  4. A menudo, tiene problemas para jugar o disfrutar tranquilamente de las actividades de recreación.
  5. A menudo, “está en constante movimiento” o parece que tuviera “un motor en los pies”.
  6. A menudo habla demasiado.

 Criterios o síntomas de Impulsividad

  1. A menudo suelta una respuesta sin haber oído antes toda la pregunta.
  2. A menudo le cuesta esperar su turno.
  3. A menudo interrumpe al que esté hablando o se entromete, por ejemplo, en una conversación o juego.
Actividad metabólica cerebral en personas sin TDAH (izquierda) y con TDAH (derecha): este síndrome conductual se asocia con patrones neurofisiológicos distintivos.

Actividad metabólica cerebral en personas sin TDAH (izquierda) y con TDAH (derecha): este síndrome conductual se asocia con patrones neurofisiológicos distintivos.

     Un buen diagnóstico será fundamental para que padres y maestros asistan al niño con TDAH e intenten evitar la aparición de estos problemas asociados.

     Es importante tener en cuenta el impacto en la calidad de vida que producen los síntomas para poder considerarlos como tales, ya que son comunes en algún momento de la niñez la distracción, la inquietud motora o las conductas impulsivas (Claudio, 2004).

     Para poder hacer el diagnóstico es necesario que los síntomas estén presentes, con una intensidad que produce una perturbación significativa, en áreas de la vida que son importantes para la persona, como son las relaciones familiares, las académicas, las laborales, las recreativas sociales, etc.

     Los niños, que tienen estos síntomas, tienen un alto nivel de conflicto con los padres y en las relaciones con sus hermanos. Además, padecen de mayor cantidad de castigos y de rechazo social en comparación con aquellos niños que no tienen estas alteraciones. Suelen tener muchas dificultades en el nivel escolar con un rendimiento muy por debajo de su capacidad intelectual asociados a problemas de conducta. En su vida social poseen problemas para mantener relaciones duraderas. Es poco probable que puedan conseguir lograr una amigo íntimo antes de los 12 años de edad. Viven experiencias de rechazo, sobre todo cuando presentanconductas oposicionistas o agresivas, las que se encuentran en patologías que acompañan muchas veces a este trastorno (Claudio, 2004). Estas son consideraciones y efectos en la vida normal del niño/a que se han de evaluar y tomar en cuanta al momento de que decir utilizar la farmacología como tratamiento como tratamiento para el TDAH.

 Existen un sin numero de medicmnetos utilizados para tratar el TDAH. Algunos de los medicamentos son:

Metilfenidato (nombre de marca: Ritalin)          Dextroamfetamina (nombre de marca: Dexedrine)

 

Pemolina (nombre de marca: Cylert)                         Atomoxetina (Strattera)

Y un medicamento combinado llamado Adderall.

Estos medicamentos mejoran la atención y la concentración y disminuyen los comportamientos impulsivos y sobrereactivos (American Academy of Family Physicians, 2005).

Referencias

American Academy of Family Physicians (2005). Medicamentos para el TDAH. Recuperdo el 12 de septiembre de 2007 de http://familydoctor.org/online/famdoces/home/children/parents/behavior/118.html

American Psychiatric Association (2000). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th e.d.). [Text Revision] Washington, D.C.: American Psychiatric Association

Claudio, M. (2004). Diferencias del trastorno por déficit de atención en el niño y el adulto: consideraciones diagnósticas y terapéuticas. Psicofarmacología Psicodinámica IV, 7 (1) 59-82.

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abril 4, 2010 at 5:17 AM

Publicado en Niños/as y jovenes

Estresores en niños y adolescentes

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Estresores en niños y adolescentes

     Al trabajar con niños y adolescentes se debe estar familiarizado con las etapas del desarrollo ya que muchas conductas que aparentar ser clínicas, en todo caso han de  responder a características, demandas y crisis de etapas de desarrollo particulares.

     Dentro de diversos teóricos el trabajo de Erikson particularmente es visto como de gran utilidad para trabajar con niños y adolescentes dentro del área terapéutica (Tompson & Brown, 1999).

     Erikson sugiere que los seres humanos a través de la vida enfrentan una serie de crisis o conflictos que deben superar. Cada una de estas etapas obliga al individuo a hacer unos importantes ajustes de conducta frente a su medio ambiente. Estas crisis van surgiendo a través diversas etapas psicosociales del desarrollo (Kirst-Ashman & Zastrow, 1997). La teoría psicosocial ha de especificar diversos estadios a los cuales el ser humano ha de confrontar y superar ciertos conflictos.

     Los niños de tres a seis años, confrontan la crisis de Iniciativa vs. Culpa. Durante la etapa pre-escolar los niños encaran todo lo relacionado al desarrollo, que a su vez envuelve el sentido de iniciativa (Feldman, 2003). A la edad de cuatro a cinco años explora su ambiente y extiende sus ámbitos de actividades fuera de si mismo. Descubre el mundo de objetos y personas que le rodea y actúa sobre él con el ánimo de manejarlo y ejercer algún tipo de interacción constructivo frente a este mundo. En esta etapa la familia juega un papel muy importante en desarrollar y permitir la iniciativa de este niño. De no ser así, el niño expresaría la crisis de Culpa. Con la crisis de la Culpa el niño podría exteriorizarla con coraje, resentimiento, rebeldías y en este proceso ha de sentirse inhibido.

     Otro estadio presentado por Erickson responde a la etapa escolar del niño la cual se lleva a cabo de los siete años hasta la adolescencia (doce años). Esta etapa se conoce como Laboriosidad vs. Inferioridad. El niño en su entorno social ha de buscar compartir con otros niños tanto de la escuela como del vecindario (Gómez, n.f.). Ha de buscar el realizar tareas en grupo y es común el sentido de competencia tanto entre compañeros, amigos, vecinos o hermanos de edades similares. Según Erikson es fundamental solucionar la crisis de la competencia, y a su vez es trascendente para lograr una buena autoimagen. El niño desarrolla la iniciativa cuando ensaya nuevas cosas y ha de aprender a no intimidarse ante el fracaso.  

     Por otro lado en la adolescencia según Erikson se lleva acabo la crisis de Identidad vs. Confusión de Identidad. Esta etapa comprende desde los doce años aproximadamente hasta los dieciocho años de edad (Gómez, n.f.). Esta contusión puede ser expresada por el adolescente en diferentes formas. Una de ellas es buscar actuar como un adulto, o regresar a comportarse como un niño para evitar las responsabilidades. El enamoramiento es visto como parte de la búsqueda de su identidad. Mediante las relaciones de pares el adolescente ha de compartir sentimientos y pensamientos para sentirse entendido y aceptado. A través de este compartir de sentimientos el adolescente alcanza validar sus valores, creencias y sentimientos. Los adolescentes enfrentan diferentes roles que van a marcar y encaminar su vida de adulto como lo son el interés en carreras profesionales o vocacionales. También experimentan diversos trabajos a medio tiempo para probar sus intereses ocupacionales (Kirst-Ashman & Zastrow, 1997).

     Los adolescentes en su búsqueda de identidad experimentan con alcohol, tabaco, marihuana, cocaína y otro tipo de drogas. Muchos se sienten confundidos en cuanto a su religión y creencias por tal motivo buscan y evalúan diversas formas de religión y creencias morales que los hagan sentirse cómodos (Kirst-Ashman & Zastrow, 1997).

     En general la adolescencia es un periodo de experimentación libre en búsqueda de la identidad. El sentido de identidad es alcanzado luego de una etapa de interrogatorios, re evaluación y experimentación.

Referencias

Gómez, D. (n.f.) Psicología del Desarrollo. Publicación Hispanoamericana. Recuperado Octubre 28, 2005 de http://www.psicovision.com

Felman, S. (2003) Development Across the Life Span (3thr e.d.). [University of Phoenix Custom Edition e-text] Pentice Hall. Recuperado Octubre 29, 2005 de https://mycampus.phoenix.edu/secure/resource/resource.asp

Kirst-Ashman K. & Zastrow C. (1997) Understanding Human Behavior and the Social Environment (4th ed.). Chicago: Nelson may

Tompson H. & Brown D. (1999). Counseling and pshychotherapy with children and adolescents: An overview (3thr e.d.). [University of Phoenix Custom Edition e-text] Pentice Hall.

Written by Cindy Zanutti

abril 4, 2010 at 4:19 AM

Publicado en Niños/as y jovenes

Consejeria de codependencia

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La codependencia puede ser definida como una enfermedad y condición psicológica cuya característica principal es la falta de identidad propia. Manifiesta una excesiva y a menudo inapropiada, preocupación por las dificultades de alguien más. Partiendo de la patología individual es una forma mal adaptativa de  relacionarse con otros dentro de una práctica de dominación y subordinación (Toring & Cowan, 1997).

     El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea. Suele olvidarse de sí mismo para centrarse en los problemas del otro (su pareja, un familiar, un amigo, etc.).Se crea un yo falso, pues en realidad no está consciente de quién es y está tan desconectado de sus propios sentimientos, que asume la responsabilidad por las acciones de los demás.

     Así es como el codependiente, al preocuparse por el otro, olvida sus propias necesidades. Busca generar, en el otro, la necesidad de su presencia y al sentirse necesitado cree que de este modo nunca lo van a abandonar. Invierte una enorme cantidad de energías en mantener una imagen o un estatus para impresionar debido a que su autoestima es muy baja, y depende del valor que los demás le otorgan (González, et al. 2002). La problemática en éste aspecto incurre en el identificar cuando el cuidado excesivo por otra persona pude llegar a ser patológico (Fuller & Warner, 2000).

     Es muy común que en una relación, el codependiente no pueda poner límites y sencillamente todo lo perdone, a pesar de que la otra persona llegue a herirlo de manera deliberada, esto es simplemente porque el codependiente confunde la “obsesión” y “adicción” que siente por el otro con un inmenso amor que todo lo puede. Por ende, el codependiente es incapaz de alejarse por sí mismo de una relación enfermiza, por más insana que esta sea. Es muy común que lleguen a pensar que más allá de esa persona se acaba el mundo, hasta que reconocen su condición psicológica y buscan ayuda, para terminar con la codependencia o no volver a generar su codependencia en otras personas o en futuras relaciones.

     La codependencia se origina en las familias disfuncionales y convierte a los miembros de esas familias en personas hiper-vigilantes. Al estar el ambiente familiar tan lleno de estrés debido a la violencia, la adicción al alcohol o a las drogas, las enfermedades emocionales de sus miembros etc.; la persona codependiente enfoca su atención hacia su entorno para defenderse de algún peligro real o imaginario (González, et al. 2002).

     González, C., Martínez, N. & Jaimes, J. (2002) citan a Beattie definiendo la codependencia como: La persona codependiente es aquella que ha permitido  que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona, y que está obsesionado tratando de controlar esa conducta. Es una condición específica caracterizada por preocupación y extrema dependencia (emocional, social y a veces física) de una persona.

     La codependencia se puede presentar en cualquier relación personal ya sea de pareja, familiar, amistad etc. Sin embargo originalmente estuvo asociada exclusivamente a familia con miembros adictos.

     La codependencia en la pareja se describe como dependencia emocional, obsesionarse con una persona y llamar a esa obsesión amor, permitiendo que ésta obsesión controle las emociones y el comportamiento. En estos casos existe cierto grado de comprensión del impacto negativo de la relación sobre la salud y bienestar pero no existe la capacidad de liberarse de ella.

     La codependencia puede estereotiparse en el rol de la mujer al ser esta cuidadora. Se conceptualiza que la estrategia de codependencia en la mujer es utilizada para lidiar con estresores externos, por lo que la mujer suele ser más codependiente que el hombre.  (Fuller & Warner, 2000).

     El concepto de codependencia se creó para dar cuenta de las diversas perturbaciones emocionales que ocurrían en las parejas de personas con trastornos relacionados con sustancias, González, C., Martínez, N., Jaimes, J. (2002) citaron a Hacken quien señala que  a partir de la creación de la asociación de esposas de alcohólicos, con este término se pretendió enfatizar el papel que juega el cónyuge en el reforzamiento de la conducta del alcohólico. La esposa del alcohólico hace suya la responsabilidad de la vida de su cónyuge y a pesar de lo infructuoso de sus intentos su papel de cuidadora le ayuda a desarrollar un particular sentido de identidad.

     La codependencia se identifica en familias con algún miembro adicto debido a que no padece su problema solo y en el proceso de la adicción son los familiares quienes se hacen cargo de la persona. Los familiares no comprenden la deteriorizacion de la salud y personalidad del adicto por lo que experimentan confusión, frustración, ansiedad enojo y baja autoestima. De tal forma se presenta un proceso adictivo a la relación con el adicto (Mutch, 1991).

Aunque no se puede definir claramente un patrón de personalidad codependiente si existen características identificadas de estas personas: Se obsesionan y preocupan más del trastorno relacionado con sustancias, generalmente alcoholismo y drogas, que la propia persona que lo padece, con la consiguiente necesidad de control de su comportamiento, se descuidan o autoanulan; tienen baja autoconfianza y autoestima y se involucran constantemente en relaciones de pareja dañinas o problemáticas.

      Por otro lado, dentro del uso de sustancias se debe hacer una distinción con el término dependencia y adicción. La dependencia es el uso de una sustancia para evitar los efectos que tendría su carencia.  Una persona que transcurre utilizando una sustancia es dependiente de la misma. Mientras que la persona que utiliza la sustancia como método preventivo para no recaer en el efecto que incurre cuando la misma no se consume; esta persona es un adicto (Lyles, n.f.).

Consejería de codependencia

     Al igual que el adicto puede recuperarse y vivir una nueva vida, libre de adicciones y con una mejor calidad de vida, la familia tiene derecho y necesidad de recuperase. La mayoría de las veces es primero un familiar el que toma conciencia del problema y da los primeros pasos en búsqueda de ayuda.
     Al principio el codependiente esta tan obsesionado con ayudar a su adicto, que necesita apoyo para poder enfocarse en sí mismo y comenzar su proceso de recuperación. El codependiente, ha de poder ayudar, si él mismo está en recuperación, pues la enfermedad afecta a toda la familia.
     La consejería individual puede ser de ayuda en las primeras etapas del tratamiento como una forma de lograr expresar los sentimientos, recibir apoyo emocional, elaborar una estrategia de intervención y comenzar la recuperación individual del codependiente.
     La terapia de familia puede ser de utilidad, pero a veces su uso se restringe a etapas específicas de la recuperación de cada familia. Es recomendable no tener sesiones de terapia familiar con el adicto si éste adicto no está en proceso de recuperación. Por otro lado en la recuperación intermedia del adicto, muchas veces es necesario terapia de pareja para ayudar a sanar la relación impactada por la adicción (Investigaciones sociales, 2007).

     También se identifican grupos de autoayuda, basados en Doce Pasos, para familias o para codependientes que son de suma utilidad en el tratamiento de los familiares del adicto.
Estos programas proveen de soporte emocional a través de una red de contactos. Muchas veces los familiares no se animan a asistir si el adicto no está en recuperación, porque no le encuentran sentido; sin embargo los beneficios potenciales para el codependiente son tantos, que es una muy buena idea asistir, independientemente de la actitud del adicto.
     Una de las primeras metas a trabajar en la recuperación de la familia, es el desarrollo del desprendimiento emocional. Este desprendimiento se hace a través del cambio de formas de pensar y de actuar que vienen con la recuperación. El codependiente se desprende de su obsesión por el control, y de los patrones de conducta compulsivos. El desprendimiento emocional habilita al codependiente para poder ejercer y brindar el amor que él siente por el adicto. A la misma vez que le permite establecer límites sanos con claridad y firmeza. El amor de la familia combinado de manera balanceada, con la firmeza necesaria para establecer límites saludables, es una herramienta vital en el proceso de convivir con un adicto activo.       

     El codependiente en recuperación también puede sufrir recaídas en su proceso de recuperación. Muchas veces la recaída viene porque el adicto finalmente está mejor, y ya el codependiente deja de cuidar su recuperación personal. Otras veces las recaídas vienen como producto del desánimo que resulta de una recaída del adicto. De todos modos el codependiente es responsable por su propia recuperación y no de la recuperación del adicto.

Referencias

Fuller, J. & Warner, R. (2000). Family stressors as predictors of codependency. Genetic, Social and General Psychology Monographs, 126(1), 5-22

González, C., Martínez, N., Jaimes, J. (2002). Características psicológicas de los cónyuges de adictos al alcohol: descripción del autoconcepto en mujeres cónyuges
de consumidores de alcohol, según, la severidad del consumo
. Recuperado el 8 de julio de 2007 de http://www.monografías.com

Investigaciones Sociales, Fundación (2007). Recuperación de la Familia del Adicto. Recuperado el 9 de julio de 2007 de http://www.alcoholinformate.org.mx/familia

Lyles, L. (n.f.). Adicción y recuperación. Recuperado el 9 de julio de 2007 de http://www.christianrecovery.com/v/dox/aandr.htm

Toring S. & Cowan G. (1997). Codependency: An interpersonal phenomenon. Sex Roles, 36(1), 114-123.

Mutch, P. (1991). Losing control: understanding the process of addiction. Vibrant Life, 7 (7),

10-20.

Written by Cindy Zanutti

abril 4, 2010 at 1:49 AM

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Sobre algunos desordenes del desarrollo en niños y adolescentes

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Sobre algunos desordenes del desarrollo en niños y adolescentes

El siguiente trabajo expone una síntesis y análisis de tres problemáticas o desordenes relacionados al desarrollo en niños y adolescentes. Cada una de las problemáticas será elaborada dentro del marco de teorías del desarrollo humano. Como parte de la discusión de los desordenes, se incluyen sugerencias de intervenciones profesionales con sus respectivas metas.
Los desordenes o problemáticas expuestos lo serán: desorden de ansiedad por separación, fobia escolar y desorden de anorexia nerviosa.

Desorden de ansiedad por separación

El desorden de ansiedad por separación es una excesiva ansiedad por separarse de la casa o de aquellas personas cercanas. Este tipo de ansiedad esta relacionada a los niveles de desarrollo individual. El disturbio puede durar hasta cuatro semanas e interrumpe seriamente la capacidad de la persona para funcionar académica, emocional y socialmente (American Psychiatric Association, 2000). Dependiendo de la edad demuestran miedo por animales, monstruos, secuestradores, accidentes de autos u otras situaciones que son percibidas como peligrosas a la familia.

Desde la perspectiva del desarrollo humano el desorden de ansiedad por separación puede enmarcarse dentro de las crisis de las primeras etapas o estadios del desarrollo humano elaborado por Erikson (Gomez, n.f.). En la etapa de Confianza vs. Desconfianza que se lleva a cabo desde que el niño nace hasta dieciocho meses de edad, recibe constantes cuidados y atenciones por parte de sus padres y familiares. Luego de esta etapa el niño ha de buscar la autonomía desde los tres hasta los seis años. El niño inicia realizando experiencias en torno a la alimentación, vestimenta y satisfacción de necesidades. En este particular es importante estimular al niño a que se supere por si mismo y sienta el éxito, de lo contrario comenzará a dudar de si mismo. En este caso el niño ha de sentirse seguro en su hogar y con los familiares expresando de esta forma ansiedad por separarse. Tompson & Brown (1999) señalan que Bandura mediante el contexto del aprendizaje, relaciona el desorden de ansiedad por separación en niños y adolescentes a través del modelaje.

Entre los tratamientos para este desorden se identifica el de desensibilización sistemática, en el cual los estímulos cognitivos que causan la ansiedad son neutralizados. Este tipo de tratamiento incluye un entrenamiento progresivo y constante sobre técnicas de relajación (Tompson & Brown, 1999). Investigaciones han demostrado que la terapia del comportamiento y la terapia cognitiva son efectivas para tratamiento al igual que las técnicas de Bio-Retroalimetacion.
La meta con estos tratamientos es lograr que los niños alcancen un nivel de autonomía adecuado a su edad y en acorde a la etapa de desarrollo en la que se encuentra.

Fobia Escolar

Con la fobia escolar los niños atraviesan ansiedad al percibir que va a comenzar la escuela. Suelen perder el apetito, padecer dolores físicos somáticos, pueden deprimirse y aislarse. Constantemente buscan el reconocimiento y se preocupan por competir con sus compañeros (Tompson & Brown, 1999).

Desde la perspectiva del desarrollo humano esta problemática responde a la crisis de la etapa elaborada por Erikson de Industriosidad vs Inferioridad en las edades de 6 a 12 años. En tal etapa el niño maneja las exigencias de la escuela para aprender nuevas destrezas. De no ser así el niño ha de sentirse inferior, fracasado y desanimado.

En intervenciones a nivel escolar el consejero y el maestro deben proyectar confianza en la competencia de un niño. El terapeuta debe enfatizar en la autoestima del niño intentando fortalecer sus potencialidades. Se recomienda la intervención multidisciplinaría con la facultad escolar para establecer o desarrollar destrezas que promuevan el respeto por la dignidad de los estudiantes, la justicia en las clases, el aprecio de la potencialidad de cada niño y disminuir o evitar el favoritismo (Brander, 1994).
Las metas ante el tratamiento son inducir al niño a que desarrolle aprecio por la escuela y pueda desarrollarse en un ambiente sano y ameno para alcanzar sus expectativas y exigencias escolares.

Desorden de Anorexia Nerviosa

La anorexia es una perdida de peso excesiva o un mantenimiento de peso en un nivel significativamente inferior al normal. Los adolescentes tienen miedo intenso a verse obesos o ganar peso, alteración de la percepción del peso o silueta corporal. El joven tiende a exagerar en su atoevaluación o a negar el peligro que comporta el bajo peso corporal. Las edades de los jóvenes que padecen de anorexia fluctúan desde los once a quince años de edad (Hales, 2004).

Según Tompson y Brown (1999) este desorden se demuestra mediante el proceso de modelaje elaborado por Bandura. En el mismo el adolescente observa la conducta de las masas y mediante procesos cognitivos las lleva acabo de manera que reproduce la conducta. El adolescente en esta etapa esta más consciente de sus cambios físicos y busca la aceptación del grupo.

Una manera asertiva de intervenir con el desorden de anorexia nerviosa es trabajar a nivel individual con el adolescente utilizando teorías cognitivo-conductuales. Sin embargo, es apropiado incluir dentro del plan de tratamiento la metodología de terapia grupal. En la práctica el terapeuta o consejero inducirá a que los jóvenes expresen y demuestren deseo de superar el desorden, estimulando el reconocimiento frente a los demás miembros del grupo. De tal manera y a traves del proceso el adolescente va aprender observando el progreso de sus compañeros. El enfoque debe recaer el las metas principal de que el joven acepte e internalice los cambios fisiológicos durante su etapa de desarrollo.

Referencias
American Psychiatric Association (2000) Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th e.d.). [Text Revision] Washingthon, D.C.
Brander, N. (1994) Los seis pilares de la autoestima. San Juan: Prime Printing.
Gómez, D. (n.f.) Psicología del Desarrollo. Publicación Hispanoamericana. Recuperado Octubre 28, 2005 de http://www.psicovision.com
Hales R. (2004) Manual diagnostico y estadístico de los trastornos mentales (1th e.d.). [DSM-IV-AP]. Barcelona: Masson.
Tompson H. & Brown D. (1999). Counseling and pshychotherapy with children and adolescents: An overview (3thr e.d.). Upper Saddler NJ: Pentice Hall.

Written by Cindy Zanutti

mayo 1, 2009 at 5:53 PM

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